LA PRÁCTICA DE LA ATENCIÓN PLENA"
DE JON KABAT-ZINN
Parte segunda- NACIÓN TDA (trastorno de déficit de la atención)
…Nuestra sociedad se halla aquejada de un trastorno de déficit atencional (…) el perfeccionamiento de la capacidad de prestar atención y de mantenerla ha dejado de ser un lujo y se ha convertido en una tabla de salvación para recuperar lo que es más importante en nuestra vida y lo que más fácilmente perdemos (…)
La dirección que en el último medio siglo, ha tomado nuestro país, nos torna más vulnerables a un tipo de déficit de atención más sutil y más profunda.
Me refiero a la incomunicación y el aislamiento generados por una cultura del ocio cada vez más obsesionada por la fama (…) pasarnos la noche frente al televisor, (…) emocionándonos con vidas y fantasías de otras personas, obsesivamente preocupados por el consumo y relacionándonos a través de charts online; piensen en la tendencia a llenar de actividades nuestras agendas y a ir de un lado a otro para conseguir las cosas que erróneamente consideramos imprescindibles para sentirnos felices, satisfechos.
(…) ¡Vamos tan deprisa y estamos tan preocupados prestando atención al exterior! (…) El estilo de vida de las comunidades suburbanas y rurales es cada vez más aislado y la cultura urbana promueve cada vez más el aislamiento y la inseguridad.
(…) Dejamos que nuestros hijos vean la televisión o que jueguen con el ordenador, en lugar de hacerlo con sus amigos. Pero la atención que se presta al televisor es una atención pasiva, una atención antisocial que nos aleja de las relaciones y de nosotros mismos.
Son muchos los estudios que demuestran que los niños son cada vez más incapaces de mantener un compromiso social activo. Los adultos, por otra parte, apenas si conocemos a nuestros vecinos (…) Es raro, hoy en día, el vecindario que siga siendo una auténtica comunidad.
También son muchas, actualmente, las familias en las que los padres están tan estresados, ansiosos y ocupados que, por más que estén físicamente junto a sus hijos, no están disponibles para ellos.
(…) No es por tanto sorprendente que haya tanta gente que busque la calma en la naturaleza. El mundo natural está despojado de artificios.
El árbol que hay más allá de la ventana y los pájaros que anidan es sus ramas se hallan en el ahora y son retazos de lo que antaño fue –y sigue siendo todavía en ciertos entornos protegidos- la tierra salvaje primordial y atemporal a escala humana.
El mundo natural siempre está en el ahora. (…) incluyendo lo que algunos han llamado el mundo del espíritu y el mundo de los dioses, mundos impalpables, pero que, en ciertas ocasiones, pueden llegar a ser sentidos.
Pero los cambios estacionales, el viento, el clima, la luz, la oscuridad, las montañas, los ríos, los árboles, los océanos, las corrientes marinas, los campos, las plantas, los animales, las selvas y los bosques siguen todavía hablándonos. Todos ellos nos invitan a adentrarnos en el momento presente…todos ellos nos ayudan a prestar atención a lo que es importante…
En el último siglo, sin embargo, las cosas han cambiado mucho, porque nos hemos alejado de la intimidad con el mundo natural y de una vida vinculada a la comunidad en que nacimos. Y ese cambio todavía se ha acelerado más en los últimos quince años con el advenimiento y la adopción virtualmente universal (broma incluida) de la revolución digital. No olvidemos que todos los ingenios que diseñamos para "ahorrar tiempo" acaban acelerándonos, abstrayéndonos y alejándonos…
Ahora hay más cosas que atender y resulta más difícil prestar atención a una sola cosa. (…) Estamos continuamente bombardeados por la información, las llamadas, las facturas y las comunicaciones y las cosas se abalanzan sobre nosotros a un ritmo cada vez más implacable. Y todo ello es una de las consecuencias del pensamiento y de la actividad humana que, con mucha frecuencia, despierta nuestra avaricia y nuestros miedos.
Estos asedios a nuestro sistema nervioso no alientan la conexión y la calma sino, muy al contrario, el deseo y la agitación… y lo más importante de todo es que, si no vamos con cuidado, nos despojan del presente, de modo que nos vemos continuamente apremiados y proyectados hacia el futuro y consumidos por el fuego implacable de la urgencia…
La creciente aceleración que, en las últimas generaciones, está impregnando nuestra vida ha convertido el hecho de centrar la atención en una especie de arte perdido. Esa pérdida, combinada con la revolución digital (…) se ha abierto rápidamente paso hasta nuestra vida cotidiana en forma de ordenadores personales, faxes, localizadores, teléfonos móviles (con o sin cámara), agendas electrónicas, ordenadores portátiles, ADSL las veinticuatro horas del día y los siete días de la semana, Internet, World Wide Web, y obviamente el correo electrónico.
Y todo ello de un modo cada vez más inalámbrico que, hasta no hace mucho, parecía un escenario de ciencia ficción. Porque la innegable utilidad, conveniencia, facilidad de acceso, eficacia y mejora de la coordinación, información, organización, entretenimiento y facilidad de hacer compras, gestiones bancarias y mantener comunicaciones que acompañan a los avances provocados por esa colosal revolución tecnológica (…) han acabado transformando definitivamente, nos demos o no cuenta de ello, nuestro estilo de vida.
…son muchas las personas que pasan hora tras hora y día tras día sentadas frente a una consola de ordenador, con la mirada clavada en el monitor y cliqueando iconos. (…) La lista de tareas por concluir crece sin cesar y cada vez nos apresuramos más en pasar de una cosa a otra…
Todo esto amenaza con erosionar nuestra atención y nuestra capacidad de saber también profundamente lo que debemos hacer antes de emprender una determinada acción. (…)
El mismo avance tecnológico nos despoja de un tiempo que podríamos dedicar a la reflexión…
De éste modo, sin embargo, la mediocridad acaba impregnando subrepticiamente nuestro discurso y nuestras interacciones cotidianas, sobre todo cuando no prestamos la debida atención a nuestras decisiones. Porque, como bien han señalado algunos especialistas del TDA, son precisamente nuestras decisiones las que acaban encaminándonos hacia la distracción. Son muchos los problemas que, con demasiada frecuencia, genera la tendencia a hacer varias cosas a la vez, lo que obstaculiza nuestra capacidad y nuestro deseo de concentrar la mente y de dirigirla hacia un determinado objeto.
Así es como el mundo humano en que vivimos nos distrae de un modo que jamás hizo el mundo natural… el mundo humano, con todas sus maravillas y todos sus dones, también nos apremia con cuestiones cada vez más inútiles, seduciéndonos, atrayéndonos, despertando nuestra fantasía y alentando nuestra insaciable codicia.
También erosiona nuestra capacidad de estar satisfechos en el presente e impide que podamos degustarlo plenamente sin tener la necesidad de llenarlo de actividades. Nos despoja de tiempo aun cuando nos quejemos de no tenerlo y nos lleva a oscilar entre la distracción y la inestabilidad mental…
Resulta muy revelador y trágico que tantos niños de hasta menos de tres años, reciban medicación para el TDA. ¿No han pensado en la posibilidad de que tal vez, si tales conductas no son normativa de tales edades y solo son "normales" en determinadas circunstancias, hay muchos adultos que enseñen a sus hijos a ser distraídos e hiperactivos?
Tal vez el comportamiento de los niños no sea más que el síntoma de una enfermedad mucho más profunda que aqueja, en nuestra época, tanto a la vida familiar como a la vida en general, como probablemente ocurra también en el caso de la epidemia galopante de obesidad que afecta por igual a niños y adultos.
Si los padres están tan ocupados y desbordados que rara vez si hallan presentes, si cuando están físicamente presente están tan perdidos en sus preocupaciones que es como si estuvieran ausentes, si se pasan la vida (…) en el trabajo y, cuando están en casa, no paran de llamar por teléfono o de hacer cuentas para ver el modo más adecuado para pagar facturas, no es extraño que nuestros niños, se vean necesariamente obligados a padecer una clara privación de padres con los problemas que de ello se deriva.
Quizás se trate en el fondo, de un déficit de atención parental, de un déficit de vida, de un déficit de respiración, de sentimiento, de contacto corporal y de una presencia clara y atenta en lugar de errática… ¿No les parece bastante normal, si los adultos se sienten continuamente impelidos, en grados distintos a distraerse y a no poder centrar la atención en una sola cosa, que cada vez haya más niños que sigan esa misma pauta, porque su ritmo –especialmente en el caso de los bebés- está en gran medida sintonizado con el nuestro?
Quizás, en algunos casos, los niños no padezcan TDA, a menos antes de disponer de teléfono móvil y de mensajería instantánea, quizás se trate simplemente de niños normales con un temperamento muy vital, pero que son percibidos y hasta diagnosticados como niños con trastornos educativos y desviaciones de conducta, como el TDA y el THDA, porque los adultos ya no tienen tiempo, ganas ni paciencia para enfrentarse sistemáticamente a la desbordante exuberancia y a los retos normales que acompañan a la infancia.
Son muchas las personas que se ven arrastradas por sus circunstancias aunque simultáneamente sean adictos a la velocidad a la que se desarrolla su vida. Hay otros que no experimentan la tensión nerviosa y el desasosiego como algo insatisfactorio y nocivo. De ahí se deriva la resistencia de enlentecer el ritmo de vida (…)
Quizás nuestros hijos estén sucumbiendo a una enfermedad adquirida por el hecho de vivir en hogares TDA, por acudir a escuelas claramente TDA, escuelas que se atienen a estrictos programas incorpóreos centrados en la transmisión de ingentes cantidades de información fragmentaria y desconectada del cuerpo…
¿Cómo podemos esperar que semejante iniciación les proporcione el equipamiento necesario para abrirse paso en una sociedad manifiestamente TDA, como la nuestra y les enseñe a conectar de la forma adecuada con el mundo laboral, con el mundo de las relaciones y hasta con su propia vida? Basta con reflexionar un poquito en todo lo que hemos dicho para empezar a tener algún que otro dolor de cabeza, cuando no un claro ataque de pánico.
quarta-feira, 1 de setembro de 2010
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